viernes, 12 de agosto de 2016

Moises y La Ley

No es necesario escribir más sobre lo que es, o que dice ser, la ley mosaica o la Torá, ya mucho se ha escrito al respecto, sin embargo, hace falta, como todo en la realidad circundante, ves más allá de lo aparente si se pretender llegar a un conocimiento más profundo de la realidad, es lamentable como en centros educativos “superiores” se patrocina la repetición constante de contenidos vacíos e inertes sin detenerse un momento en su interpretación, en su cuestionamiento.
La ley mosaica, que recibe su nombre de su presunto autor, Moisés o Moshé (En hebreo), es llamada igualmente Torá, o libro de las leyes, y hace referencia a la tradición escrita del pueblo de Israel que menciona su historia, tradición y normas para con dios y la sociedad. Ahora, el pueblo judío en consenso cree que la procedencia de la Torá es de origen divino, Moisés copia al pie de la letra lo que Dios le dice en el monte Sinaí siete semanas después de la salida de Egipto, esta es la explicación teológica y mística que el pueblo judío hace de la procedencia de la Torá, sin embargo, el análisis científico y la exegesis posterior de los textos ha llevado a los hermeneutas modernos a considerar su escritura aproximadamente en el siglo VII a.c, y no en la época en la que se presume que vivió Moisés ( Aprox. Siglo XVII a.c), el análisis del léxico, la estructura y la gramática en general, consolida su origen como una recopilación de la tradición oral y escrita del pueblo de Israel llevada a cabo por lo menos, por cuatro autores diferentes.
La Torá se divide en cinco libros, también llamados por la iglesia cristiana el Pentateuco, que corresponden al Génesis, libro que narra el origen divino del pueblo de Israel y su posterior genealogía; el libro del Éxodo, o libro del tránsito del Moisés con el pueblo en el desierto después de la salida de Egipto; el libro de Levítico, que narra las leyes, rituales y normas de loa sacerdotes del pueblo (consagrados en la tribu de Leví); y por último, los libros de Deuteronomio y Números, que corresponden a las leyes civiles del pueblo, aunque estas están basadas bajo la autoridad divina representada en Moisés.
Ahora, al analizar lo que nos concierne propiamente a la materia, las leyes en sí, debemos situarnos en el contexto histórico en el cual son dictadas las presuntas leyes divinas. El pueblo de Israel es sometido durante un par de siglos al dominio de los egipcios, razón por la cual es lógico concluir que a esta altura, la cultura hebrea estaba influenciada por la religión, la mística y la cultura del pueblo en el cual estaban acogidos, inclusive muchos de los rituales actuales de los rabinos judíos poseen bases antropológicas en religiones primitivas de Egipto y de los caldeos. Luego llego el nacimiento de Moshé, este, cual Bolívar, busca la liberación de su pueblo, la emancipación ante las garras tiránicas del faraón, cosa que consigue, según se cuenta, o más bien, según lo “cuenta el mismo Moisés”, fue posible a través de las siete plagas que cayeron sobre Egipto.
El pueblo sale de Egipto bajo circunstancia muy peculiares, eran un pueblo sin tierra, que provenían de la esclavitud y se dirigían hacia un futuro incierto, hacia una tierra prometida la cual parecía aun ser muy lejana, dirigidos por un pastor al cual seguir por haber recibido según él, la misión de su Dios, un dios sin nombre, sin forma, (todo lo contrario a los dioses egipcios). Es normal, en un pueblo expuesto bajo estas circunstancia, y bajo el número considerable de personas (por lo menos unas 4000 según datos históricos), que necesitan comer, beber y descansar, que hallan motines, deseos de rebelarse, de huir, de regresar, de desafiar la autoridad del líder que los saco de una tierra de esclavos, para exponerlos a morir en el desierto.
Este era el panorama que enfrentaba Moisés con su pueblo a la salida de Egipto, Yahvé hablo al pueblo, a Moisés más específicamente ( Moisés como mediador entre el pueblo y Dios), y dicto las primeras normas del pueblo, primeras, si, que corresponden a los diez mandamientos, sabemos posteriormente que en ocasiones, principalmente en tiempos de conflicto interno, Moisés subía al monte, o se apartaba al desierto, y al regresar le decía al pueblo que había tenido una revelación de dios, que mandaba otras leyes etc., etc., esta escena se repite a lo largo del pentateuco.
Los diez mandamientos:
Dice, amaras a dios sobre todas las cosas, es decir, sobre sus intereses personales, más allá de lo que se desee o se crea.
No tomaras el nombre de dios en vano, es decir, si juras o prometes algo en nombre de dios, debes cumplirlo.
Santificaras las fiestas, a saber, todos tus actos, pensamientos, acciones deben ser “bendecidas” y por lo tanto “autorizadas” por dios.
Honraras a tu padre y a tu madre, he aquí un punto particular, en la época en la cual se desarrolla esto, supongamos que creamos en el origen divino, alrededor del siglo XVII a.c, el padre o madre no era individual, sino más bien se refería a la colectividad, a saber, el patriarca, o jefe de la tribu, etc., es pues Moisés, siendo el patriarca de su pueblo, al cual se debe “honrar” (esto lo manda su dios en la revelación)
No mataras, el único que tiene derecho a matar (y darte derecho de matar) es dios, cuyo represéntate es Moisés.
No cometerás actos impuros, y…. ¿cuáles son los actos impuros? Los que dicta Dios con su represéntate terrenal, Moisés.
No robaras, es decir, se respetara la propiedad privada, sin embargo la propiedad privada es desecha si no cumple con los dos primeros mandamientos.
No dirás falso testimonio ni dirás mentiras, es decir, deberás comentarle al patriarca todos tus planes y deseos.
No desearas la mujer del prójimo, ni sus bienes etc., al igual que el séptimo, respeta la propiedad privada, resaltado, la mujer es un objeto de propiedad.
No consentirás pensamientos ni deseos oscuros, es decir, no podrás pensar, ni pretender nada ajeno a lo que manda el patriarca o la ley que representa.
Vemos como cada mandamiento busca la coacción del pueblo a favor de la unidad social, es básicamente un estado conformado por una autoridad suprema en incuestionable, Dios, que delega el poder terrenal en un hombre elegido, Moisés, para gobernar a su pueblo, Israel, la mayoría de los mandamientos son prohibitivos, buscan evitar que la masa realiza actos que puedan afectar el poderío y el orden establecido dentro de la tribu. Además, es menester aclarar que la desobediencia de estos mandamientos lleva inherentes los castigos y las penas, aunque en esta altura de las leyes, no había castigos dictados (aun no), si no obedecías la ley, eras un impuro, y por lo tanto, se te condenaba al destierro, o la muerte, en el peor de los casos.
A partir de este momentos, podemos determinar que hay, aparentemente una sola ley, la de Dios, pero que en fondo lo que establecen son leyes civiles, leyes que permitan a cierta jerarquía dominar sobre un numero de gobernados que se someten a esta a esta ley. A decir verdad, psicológicamente la ley mosaica no tiene nada de divina ni rebelada, no es más una suma de intereses individuales disfrazadas bajo el dogmático nombre de un dios que otorga un libre albedrio falso e hipócrita, en el cual o lo sigues o te sometes al castigo.


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